En el sacramento de la Unción de los enfermos de la Iglesia, mediante el ministerio del sacerdote, es Jesús quien toca al enfermo para curarlo de sus pecados, y a veces incluso de la enfermedad física. Sus curaciones eran signos de la llegada del Reino de Dios. El mensaje central de sus curaciones nos dice de su plan de conquistar el pecado y la muerte con su muerte y resurrección.
El ritual de la Unción nos dice que no tenemos que esperar a que una persona esté a las puertas de la muerte para recibir el sacramento. Un juicio cuidadoso sobre la seriedad de la naturaleza de la enfermedad es suficiente.
Cuando se administra el sacramento de la Unción de los enfermos, el efecto que se espera es que, si Dios quiere, la persona sane físicamente de su enfermedad. Pero incluso si no hay sanación física, el principal efecto del sacramento es la curación espiritual mediante la cual el enfermo recibe el don del Espíritu Santo y la valentía para afrontar las dificultades que acompañan una grave enfermedad o la fragilidad de la vejez.
(del Catecismo Católico de los Estados Unidos para Adultos)